Crimen y castigo por Gabriel Regino

Actualizado: ago 16

Abuso, Indignación y Manipulación. La construcción de linchamientos virtuales.

El pasado 26 de julio de 2020, una oficial de la Policía Municipal de Puerto Vallarta, Jalisco, advirtió la presencia de un individuo parado al lado del lugar del copiloto de un vehículo estacionado. Al realizar una inspección preventiva, notó que nerviosamente el sujeto intentaba cubrir con su cuerpo la visibilidad al interior del auto, motivo por el cual, al ser apartado, descubrieron la presencia de una menor de edad, desnuda, razón que originó la inmeditada detención del individuo, quien fue trasladado ante el Ministerio Público de la Fiscalía General de Justicia del Estado de Jalisco.

En esa dependencia, se ordenó la protección inmediata de la menor y la comunicación con sus familiares, en tanto que el presentado, fue llevado a galeras y se comenzaron a realizar los primeros actos de investigación, los cuales demostraron que la víctima había sido objeto de abuso sexual por parte del detenido. Con los datos correspondientes, el Ministerio Público llevó al imputado ante el Juez, quien calificó de legal la detención y, después de las etapas correspondientes, decidió vincularlo a proceso, para que en su momento, enfrente un juicio penal en el que puede ser condenado – cuando menos – a 7 años de prisión. El delito que se le atribuye, amerita Prisión Preventiva Oficiosa, lo que significa que no podrá obtener su libertad durante todo el proceso.

Quizá en una decisión arriesgada, la Fiscalía intentó generarle un segundo proceso al detenido, bajo los cargos de corrupción de menores. Este delito requiere la acreditación de una serie de actos que tiendan a afectar a la víctima en un vicio, en actividades o exposiciones sexuales, entre otras. Es un delito distinto al del abuso. Posiblemente la inconformidad social ante el primer hecho, llevó a la institución a buscar más cargos. Si así fue, su apuesta fue errónea.

Intentar responder a reclamos sociales más a que a una investigación científica, conlleva a la fabricación de casos para dar respuesta a una “sed de justicia” que se instala fácilmente en las mentes dóciles de quienes confunden cárcel con justicia y a la pena de muerte con un Estado de Derecho. El Populismo Penal se nutre de exacerbar los sentimientos de la sociedad para enardecerlos contra las instituciones; esa ira es manipulada por diversos actores para obtener beneficios para sus intereses y no para resolver la cuestión de fondo.

Cuando el juez recibió el segundo cargo, decidió no vincularlo, ya por falta de pruebas o ya por advertir un exceso de la Fiscalía. La respuesta no tardó en llegar: Alguien con acceso al caso, diseminó de inmediato la noticia anterior y filtró la posibilidad de que el detenido quedase en libertad. Nada más falso. Pero con esa jugada, la Fiscalía gana porque aparece ante la opinión pública como víctima justiciera que apelará la decisión y que habrá de llevar a la cárcel al juez que decidió no vincular. El linchamiento sufrido en redes, provocará el temor en los jueces que, ante próximos casos de la Fiscalía, los aceptará sin discusión a pesar de que sean fabricados. ¿Ese es el tipo de justicia que se busca?

Cuando la gente se une a olas de indignación sin saber la razón, lo único que hacen es cavar su propia tumba, ya que dicha ola, terminará por engullirlas.


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