Familia de Michel abandona su casa por miedo

29 junio 2020

Por: Carlos Jiménez

Afuera de aquella casa, en el piso, quedó un vaso de plástico con seis rosas blancas, un par de veladoras y un vaso con agua. A no más de dos metros, la imagen es la misma: flores, veladoras y agua. Las acomodaron en el mismo lugar en el que hace unos días, quedaron baleados y sin vida, los cuerpos de Michel y de su mamá. Y esa casa, era el lugar donde vivían Michel, su mamá, su hermana, sus sobrinos y su cuñado. Es el mismo lugar al que intentaron llegar ellas dos la noche del viernes para refugiarse. El mismo que ahora está abandonado. Está en uno de los laberintos de la Colonia Ejército Constitucionalista, en Iztapalapa. Son laberintos estrechos, solitarios y poco iluminados. Ahí, Michel fue agredida hace casi dos meses. El 4 de junio denunció en la Fiscalía de Justicia de la Ciudad (FGJCDMX) que fue víctima de un abuso sexual en ese lugar. Ante las autoridades reveló quién la agredió, les dio su nombre y les contó que la había amenazado. Así quedó registrado en la Carpeta de Investigación CI-IZP/IZP-6/UI-2C/D/198/06-2020 que se abrió ese día. Pero en la Fiscalía para delitos Sexuales el caso se quedó en el archivo. No se emitieron medidas de protección ni hicieron algo para ayudarla. La noche del viernes, Michel y su mamá Estrella regresaban a casa cuando alguien las agredió. El cuñado de Michel relató ante las autoridades que alrededor de las 21:50 horas escuchó que alguien tocó la puerta de la casa. Cuando pretendió acercarse a abrirla, se oyeron cuatro disparos. “Abrecé a mis bebés y me resguardé, ya después abrí la puerta”, relató el hombre, según se detalla el expediente CI-FIEDH/2/UI-1 C/D/00126/07-2020. Apenas abrió, halló tirada a su suegra en la puerta de la casa. A no más de dos metros estaba Michel. Las dos estaban ensangrentadas. Tenían disparos en la espalda. En ese lugar en el que quedaron ellas dos, colocaron las rosas blancas, las veladoras y el agua. Pero el cuñado de Michel, su hermana y sus sobrinos se fueron de ahí por temor a que algo les suceda. Los vecinos aseguran que el lunes fue el último día que los vieron. Acompañados de un grupo de policías fueron por algunas pertenencias. Pusieron plásticos en las ventanas, cerraron las puertas y se fueron de ahí. Ahora esa casa está sola. Afuera, en el piso, sólo queda la ofrenda de aquellas dos mujeres que no fueron protegidas por las autoridades capitalinas.


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