Supera México el reto de reconvertir hospitales

Reconversión hospitalaria es uno de los términos que trajo el Covid-19. Se empezó a mencionar en marzo, cuando se confirmaron los primeros casos en México y estaba claro que por su nivel de agresividad podría poner en riesgo la capacidad de atención del sistema nacional de salud, el cual de por sí se encontraba en una condición precaria.

Las noticias sobre el desbordamiento de los servicios en Europa se iniciaron en esos días, y las semanas siguientes proliferaron las imágenes de hospitales rebasados por la elevada demanda de personas graves.

El reto era evitar que eso se repitiera en el país. Para ello, las unidades médicas designadas como Covid desocuparon camas de diferentes áreas clínicas. Lo ideal era incrementar los espacios de terapia intensiva, pero ante la urgencia se dio prioridad a la adquisición de equipos de ventilación mecánica asistida y monitores, así como la contratación del personal entrenado en su manejo.

El diseño del plan de reconversión hospitalaria del gobierno federal estuvo a cargo de Gustavo Reyes Terán, titular de la Comisión Coordinadora de los Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad, y en una primera etapa para el valle de México, donde se concentra más de la mitad de los casos de Covid-19.

Se decidió que ocho hospitales federales e institutos nacionales de salud serían reconvertidos total o parcialmente para recibir a pacientes sin acceso a la seguridad social. Con los mismos lineamientos, los gobiernos de la Ciudad de México y del estado de México ampliaron la capacidad de atención de los nosocomios bajo su responsabilidad.

Al principio, el único con experiencia en reconversión de sus instalaciones era el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), pues desde 2009 enfrentó la pandemia de influenza A/H1N1. Cada año se toman las previsiones para atender alrededor de 60 enfermos en terapia intensiva al mismo tiempo.

Justino Regalado, subdirector de Neumología del INER, explicó que en condiciones normales, la capacidad de atención de pacientes críticos en este instituto es de 15 camas en terapia intensiva y 13 en urgencias. Ahora, en esta pandemia las camas con ventiladores aumentaron a 130.

En los días de mayor intensidad de la infección, hace unas tres o cuatro semanas, estuvieron más de 100 enfermos conectados a respirador al mismo tiempo.

El objetivo de garantizar una cama de hospital y un ventilador para quien lo necesite se ha cumplido.

La estrategia también se retomó para los servicios estatales de salud. Hasta el pasado martes, a nivel nacional la plataforma de la Red de Infecciones Respiratorias Agudas Graves reportó que 874 hospitales tenían 26 mil 637 camas generales, de las cuales estaban ocupadas 11 mil 887 (45 por ciento).



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